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Todos conocemos la sensación de hastío
que produce enfrentarse a un nuevo y voluminoso manual de instrucciones.
Es estonces cuando se hace más necesaria que nunca la reivindicación
de la simplicidad.
Un modo de entender la simplicidad como una apuesta por lo útil. Como
un intento de huir de todo lo que, en el diseño, la tecnología,
la comunicación o las artes, resulta innecesario.
La simplicidad se ha revelado como uno de los valores más queridos por
usuarios y consumidores, que encuentran en ella el equilibrio que ha perdido
el mercado.
Más allá de modas y estilos, la simplicidad pretende ser un modo
de estar en el mundo opuesto a la confusión y el ruido. Simple no significa
pobre. Es simple aquel diseño, aquella interfaz, aquella forma de comunicarnos
nacida de la necesidad y en la que todo tiene un sentido.
 
SIMPLICITY
EN EL MIT MEDIA LABORATORY
John
Maeda es profesor de Artes y Ciencias de la Comunicación
en el MIT
Media Lab. Pero también es un reputado diseñador
gráfico y uno de los tecnólogos más influyentes
del mundo. En palabras de Nicholas
Negroponte “John tiene un punto de vista diferente
de casi todo” y eso, sin duda, se percibe en sus planteamientos.
Desde sus primeros trabajos, Maeda ha promovido un acercamiento humanista a la
tecnología. En 2004 fundó el programa SIMPLICITY,
en el que se han implicado empresas como Lego, Toshiba, Samsung, Johnson & Johnson y Time.
En palabras del propio Maeda “Nuestro cometido consiste en definir el valor
de la simplicidad en la comunicación, la sanidad y el ocio. Juntos diseñamos
prototipos de sistemas y tecnologías que señalan que la clave del éxito
en el mercado pasa por la simplicidad de los productos”. Un enfoque nada
común, ahora que el mercado se apoya, más que nunca, en los complejos
entramados simbólicos que rodean a los productos y las marcas.
SIMPLICITY aspira a superar la visión de la tecnología como un
mundo cerrado y ajeno a nuestra experiencia. Para ello, Maeda y su equipo buscan
un enfoque más positivo y centrado en el usuario.
En 2006, Maeda escribió las Leyes
de la Simplicidad, un libro en el que plantea cómo favorecer
la simplicidad en el diseño, la tecnología, los negocios y la vida.
Maeda nos propone 10 leyes y 3 claves:
Reducir. La manera más sencilla de alcanzar
la simplicidad es mediante la reducción razonada.
Organizar. La organización permite que un sistema
complejo parezca más sencillo.
Tiempo. El ahorro de tiempo simplifica las cosas.
Aprendizaje. El conocimiento lo simplifica todo.
Diferencias. La simplicidad y la complejidad se necesitan
entre sí.
Contexto. Lo que se encuentra en el límite
de la simplicidad también es relevante.
Emoción. Es preferible que haya más
emociones a que haya menos.
Confianza. Confiamos en la simplicidad.
Fracaso. En algunos casos nunca es posible alcanzar
la simplicidad.
La única. La simplicidad consiste en quitar
aquello que es obvio y añadir lo específico.
Clave 1. Lejos. Más aparenta ser menos, simplemente alejándose,
alejándose mucho.
Clave 2. Abrir. La apertura simplifica la complejidad.
Clave 3. Energía. Utiliza menos, gana más.
LA
SIMPLICIDAD Y EL MERCADO
Los objetos que nos
rodean son cada vez más complejos, aun cuando la mayor parte de sus funciones
no nos interesan demasiado. De hecho, sabemos que esas funciones más que
dar respuesta a nuestras necesidades, buscan únicamente despertar en nosotros
el deseo de poseerlos. Quizás por eso, son cada vez más los usuarios
que, agotados, aspiran a una tecnología sencilla.
Algunas empresas han reparado en ello y están intentando explorar este
camino. Philips es
una de las compañías que ha apostado más claramente por
la simplicidad. Especialmente a través de su línea Sense
and Simplicity, desarrollada en colaboración con el Simplicity
Lab, bajo la supervisión del propio Maeda.
Según Sense and Simplicity, “La vida ya es suficientemente complicada
y la tecnología no debería complicarla aún más. El
compromiso de Philips es crear tecnología con sentido común. Tecnología
que sea fácil de usar. Tecnología diseñada para nuestra
forma de vivir y trabajar. En otras palabras, tecnología que sea pura
simplicidad”.
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Pero Sense and Simplicity,
además del diseño de productos de consumo, aspira a
tener una dimensión mayor. El propio Maeda lo subraya cuando
explica cómo, a pesar de su desconfianza inicial, ha comprobado
que Philips pretende no tanto crear una nueva línea de productos
o reforzar su imagen de marca, como crear un nuevo concepto empresarial
basado en la simplicidad. Un modelo de negocio más sencillo
y eficaz.
También otras empresas se sienten atraídas por el poder de
la simplicidad. De hecho, este concepto está muy presente en productos
tecnológicos de referencia, como el iPod,
el iPhone o
la consola Wii;
objetos que satisfacen nuestras necesidades a través de un funcionamiento
intuituvo y un aspecto muy, muy sencillo. |
Estos objetos se muestran ante nosotros tan limpios
y desnudos como una hoja de papel en blanco. Frente a la lógica
de las marcas, en ellos la marca está casi escondida, sin la menor
intención de imponerse al usuario. Son objetos que se nos ofrecen
como acompañantes sensibles y dispuestos a adaptarse a nuestra
personalidad, a convertirse en parte de nuestra identidad.
Un paso más allá se
situa Muji,
abreviatura de Mujirushi Ryohin (en japonés, productos de
calidad sin marca). Muji es una empresa japonesa que en apenas 25
años se ha extendido por toda Europa, convirtiendo sus tiendas
en auténticos centros de peregrinación. Después
de abrir su primera tienda española en Barcelona, hace poco
inauguraron otra en Madrid.
Muebles, juguetes, regalos, accesorios de cocina, productos de belleza,
objetos de papelería, gadgets, ropa de casa y de la otra... componen
un catálogo formado por más de 7000 productos. Siempre funcionales,
prácticos y con un diseño tan exquisito como simple.
En general, están creados empleando materiales sencillos, frecuentemente
reciclados y mediante procesos de fabricación respetuosos con el
medio ambiente. Su embalaje se limita a un sencillo cartón o un
simple plástico. En Muji prescinden de todo lo innecesario y por
cierto... no son caros. |
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Pero el interés
por la simplicidad no es una exclusiva de las grandes empresas. Nuestro
querido Flores
en el Ático ofrece montones de ejemplos de
pequeñas empresas que basan su trabajo en esta idea.
Compañías como Nume,
fabricante de juguetes
de cartón; la japonesas Vinta y Floyd,
con productos tan “simplicity” como la Lamp
Shaped Lamp, o los hoteles Básico,
en Playa del Carmén (México), y Casa
Camper en Barcelona, son una muestra de la influencia de la
simplicidad en la decoración y el diseño industrial.
Salvando las distancias (por ejemplo, en relación a sus políticas
de precios), se trata de objetos que como el iPod o la Wii, responden a
una idea muy precisa de perfección: Objetos y lugares esenciales
y perfectamente lisos, tanto desde el punto de vista material, como desde
el simbólico. |
SUPERNORMAL
Y LOS OBJETOS HUMILDES
Supernormal es una exposición
que recoge más de 200 objetos de uso cotidiano, en la mayoría
de los casos de autor desconocido, y que gracias a su eficacia se
han convertido en imprescindibles.
Comisariada por Naoto Fukasawa, creador desde su empresa Plusminuszero
de diseños para Muji, Nike y Toshiba, y por Jasper Morrison, creador
de productos para Alessi, Capellini y Vitra, la exposición se ha
presentado hasta ahora en Tokio, Londres y Milán.
Supernormal nos presenta objetos cercanos y que a fuerza de verlos cada
día, se han vuelto invisibles. Objetos como el boli y el encendedor
Bic, la cafetera Bialetti, el clip o el tradicional vaso liso, presente
en todo bar español que se precie. |
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En una entrevista realizada con ocasión de
la exposición, Morrison y Fukasawa explican cómo, frecuentemente
los objetos que nos rodean tienden a alejarse de la simplicidad y la
utilidad. “Nos disgusta la tendencia de los jóvenes diseñadores,
en particular, a crear objetos espectaculares y superficiales para generar
cobertura mediática, más que para ser usados. Ahora, se
crean nuevas versiones de objetos ya inventados para hacerlos parecer
más excitantes y atractivos, sin considerar si son necesarios
o no.
No nos oponemos a que los viejos objetos sean reemplazados sino a los diseños
pensados sólo para atraer la atención del público. Los
diseñadores no piensan en crear lo ordinario, temen todo el tiempo que
sus objetos sean tildados de normales ya que ese término ha derivado
en aburrido”.

Muy similar es el planteamiento de Humble
Masterpieces, exposición organizada por el MOMA en 2005
y comisariada por Paola Antonelli. La exposición presenta una selección
de casi 120 objetos sencillos, desde el Post-It al Tampax pasando por la cremallera,
la navaja multiusos o el walkman.
Objetos anónimos e imprescindibles, nacidos de la necesidad y que muestran
un extraordinario equilibrio entre forma y función. Objetos que nos
invitan a entender el diseño como un ejercicio de honestidad y no como
el alarde de egocentrismo al que nos tienen acostumbrados los diseñadores
de renombre. En estos objetos humildes, no es la personalidad del diseñador
la que se proyecta sobre el producto, sino que somos nosotros quienes modelamos
su identidad.
Sin duda, en un entorno tan complejo como el actual, en el que la información
y los productos se suceden en un ciclo vital cada vez más corto, redescubrir
la simplicidad se convierte en un paso fundamental para poder administrar con
sentido nuestra relación con los objetos, nuestra forma de comunicarnos
y nuestro modo de estar en el mundo.

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