Nuestras ciudades se han convertido en enormes contenedores
de signos, en el escenario en el que millones de imágenes se superponen
y entrelazan en un abigarrado conglomerado visual.
Con la aparición de las pantallas urbanas, especialmente las enormes
instalaciones de LEDs, este proceso se ha acentuado. En este contexto,
la Arquitectura Interactiva ofrece una alternativa a la saturación,
basada en la participación.
La ciudad siempre ha sido el lugar en el que nacen y se desarrollan
las imágenes. De hecho, el proceso de densificación icónica
en el que estamos embarcados desde hace mucho, mucho tiempo, arranca
con el nacimiento de las ciudades y crece en paralelo a ellas.
Es en la ciudad donde los mensajes que nos rodean experimentan su,
cada vez más fugaz, ciclo vital. En ella, crecen, se desarrollan
y finalmente desaparecen de la memoria social. Pero sobre todo, la
ciudad es el espacio en el que las imágenes luchan por hacerse
un hueco en la competitiva “economía de la atención”.
Rótulos luminosos, señales, escaparates, carteles, grafittis,
pintadas, stencils, stickers… incluso nuestra propia apariencia
física y la iconicidad de nuestros gestos cotidianos, contribuyen
a la construcción de la iconosfera urbana. Una superposición
de signos y señales en continua transformación, tan densa
que, con frecuencia, resulta impracticable.
PANTALLA
TOTAL
Pero, justo cuando el espacio urbano parecía definitivamente
saturado, la tecnología ofreció un nuevo y formidable
soporte para la información visual. Las pantallas comenzaron
a desplegar su inmenso potencial icónico.
Enormes o diminutas, CRT, LCD, TFT, OLED, SED, de LEDs, de plasma,
planas, ultra planas, flexibles… las pantallas proliferan a nuestro
alrededor hasta convertirse en una suerte de prótesis que nos
mantiene permanentemente conectados al flujo de información
que nos rodea.
Donde quiera que vayamos, las pantallas nos acompañan. De hecho,
todas nuestras máquina, no son sino pantallas.
Como no podía ser de otro modo, las pantallas encontraron en
la ciudad el medio ideal para crecer. Desde los primeros experimentos
en ciudades como Tokio y Nueva York, la integración de pantallas
en el paisaje urbano se ha convertido en una de las tendencias más
visibles del urbanismo contemporáneo. Si anteriormente los rótulos
luminosos y los neones habían transformado nuestras ciudades
en parpadeantes muestrarios de imágenes, ahora el sueño
de convertir la ciudad en una enorme pantalla, se hace realidad.
Así, del mismo modo que los televisores centralizan a su alrededor
el espacio doméstico, las nuevas pantallas urbanas, se convierten
en elementos “arquitectónicos” que jerarquizan el
espacio público.
Los ejemplos son tantos que es difícil destacar alguno. Para
no hablar de los inevitables Herzog & de Meuron, Foster y Nouvel;
podemos destacar las imponentes torres
de LEDs de Los Ángeles
Airport (LAX), visibles desde 3000 pies de altura; el proyecto de rediseño
de la fachada de la Torre
Bayer en Leverkusen, con una pantalla formada
por 3,5
millones de LEDs; cualquiera de los impresionantes proyectos
de ag4 Mediatecture Company, como la sede de Merck
Serono en Genf o
la de T-Mobile en Bonn; o desde un enfoque diferente, The
Million Dollar Building, un proyecto desarrollado por el Sandberg
Institute, que traslada
al espacio físico de la sede de esta escuela, el popular Million
Dollar Homepage, participando del concepto de pantalla, pero renunciando
a la iluminación.
Pero sin duda, uno de los referentes en este campo fue SPOTS, una instalación
de Realities:united que convirtió la fachada del un edificio
de 11 plantas de Postdammer Banhof (Berlín), en una enorme pantalla
usada como soporte para proyectos artísticos y publicidad. Su
brillo y su movimiento contrastaban con la rotunda desnudez de la vecina
Neue Nationalgalerie de Mies Van de Rohe.
Elástico explica como “SPOTS es el ejemplo más
reciente y más avanzado técnicamente de "media facade",
un sueño arquitectónico heredado del ciberpunk y de Blade
Runner que imagina a la ciudad del siglo XXI no como una ciudad de
luces, sino como una ciudad de imágenes en movimiento.
A medida que la tecnología baje de coste, parece inevitable
que las media-fachadas se introduzcan paulatinamente en nuestras plazas
y calles, convertidas en los nuevos neones. Es difícil prever
cómo vamos a sentirnos en unas ciudades en las que a la vuelta
de cada esquina nos espere un bombardeo de imágenes permanente.”
ARQUIRECTURA
INTERACTIVA
Poco antes de SPOTS, durante el invierno de 2001,
se desarrolló en Berlín Blinkenlights, un proyecto de
Chaos Computer.
Blinkenlights utilizaba las ventanas de un edificio de ocho plantas
como si se tratase de los píxeles de un monitor. Un ordenador
controlaba la iluminación de cada ventana creando una matriz
de 18 x 8 “píxeles”. A diferencia de SPOTS y de
otros proyectos similares, Blikenlights era una propuesta completamente
interactiva. Tanto en la versión de 2001, como en su posterior
reedición en 2003, Blinkenlights
Reloaded; el proyecto estaba
abierto a la participación de los espectadores, que a través
del teléfono móvil, podían jugar descomunales
partidas de Pong, crear animaciones de baja resolución o hacer
enormes
declaraciones de amor.
El rudimentario Blikenlights planteaba, ya entonces, una concepción
de la arquitectura como una realidad cambiante, que se modifica en
función del diálogo que los usuarios establecemos con
ella. Era uno de los antecedentes de lo que hoy conocemos como Arquitectura
Interactiva o Media Architecture.
Desde entonces, la tecnología ha permitido desarrollos mucho
más ricos y complejos. Proyectos como la Dexia
Tower en Bruselas,
un edificio de 38 plantas que incorpora un sistema de iluminación
interactivo, convierten los edificios en plataformas para la creación.
Así, Dexia Tower es el soporte de proyectos como Touch, desarrollado
por LAb[au] (Laboratory for architecture & urbanism) y que permite
a los espectadores modificar la iluminación de las inmensas
fachadas con sólo deslizar su dedo por una pantalla.
O la maravillosa Crown
Fountain del Chicago
Millenium Park , diseñada
por Jaume Plensa. Dos torres de ladrillos de vidrio con LEDs en su
interior, que proyectan los rostros de miles de habitantes de la ciudad,
que literalmente se convierten en enormes y divertidas fuentes (con
chorro de agua incluido).
Pero no sólo arquitectos y publicistas están interesados
en este tipo de proyectos. También otros colectivos emplean
los sistemas interactivos para lanzar mensajes de distinto tipo.
Este es el caso de Graffiti
Research Lab, un grupo de activistas, que
ha desarrollo un interesante sistema de graffiti basado en luz. Una
vez más, nos valemos del imprescindible Elástico para
explicar su trabajo:
"
Armados con electrónica barata, pintura ferromagnética
y mucho ingenio hacker, Graffiti Research Lab está investigando
el futuro del arte urbano, cuando nos hayamos aburrido del stencil
y el spray de pintura.
Desde su taller en el Eyebeam de Nueva York, los miembros de este colectivo
desarrollan fórmulas asequibles y completamente 'open source'
para introducir en el espacio de las calles herramientas y lenguajes
que proceden de la cultura digital.”
Vale la pena echar un vistazo a su web, y especialmente a los vídeos
que muestran al grupo en acción (la performance desarrollada
en Barcelona, con intervención policial incluida, no tiene desperdicio).
También Urban
Projection utiliza las fachadas para proyectar
en ellas películas callejeras o dibujos. O, TXTual
Healing,
cuyos proyectos permiten a cualquier persona interactuar sobre un edificio
con sólo enviar un mensaje SMS.
Otros muchos artistas y colectivos como Easyweb, Telenoika, Daniel
Sauter o Rafael
Lozano-Hemmer, están desarrollando propuestas
similares y perfeccionando dispositivos capaces de fusionar arquitectura
e imagen.
PANTALLA
TOTAL
Es casi un lugar común, señalar como en la sociedad de
la información la proliferación de mensajes visuales
trivializa el sentido de las imágenes. Nunca hemos estado rodeados
de tantas imágenes y, sin embargo, nunca han significado tan
poco.
Pero además, de lo que esto supone para nuestra sufrida comunicación,
convertir nuestras ciudades en enormes acumulaciones de signos, de
representaciones, nos reduce a la condición de espectadores,
de sujetos pasivos que asisten al espectáculo de la información.
En su libro, “La
Sociedad del espectáculo” Guy Debord
decía: “La vida entera de las sociedades en las que imperan
las condiciones de producción modernas se anuncia como una inmensa
acumulación de espectáculos. Todo lo directamente experimentado
se ha convertido en una representación.”
Es evidente que el bombardeo masivo de imágenes tiende a reemplazar
nuestra experiencia directa de la realidad por una experiencia simbólica.
Pero este aspecto se acentúa cuando entran en juego las pantallas.
Su enorme capacidad “hipnótica” tiende a paralizar
el sentido crítico y a hacer que nuestra mirada, y nuestras
ideas, se deslicen dócilmente por su superficie.
En este contexto, la interactividad adquiere un enorme valor. Cuando
la pantalla se transforma en interfaz, cuando se convierte en el canal
a través del cual el usuario intercambia información
con otros usuarios, la comunicación se activa.
El pasado mes de septiembre de 2007 se celebró en Londres el
interesantísimo
Media Architecture Conference, un evento que analiza las implicaciones
de las nuevas tecnologías audiovisuales en la arquitectura y
el urbanismo. En él, Mirjam Struppek, organizadora del panel
Urban
Media y creadora de Urban
Screens, un sitio orientado a la transformación
de las pantallas empleadas como soportes publicitarios en dispositivos
culturales , dijo: “Queremos sensibilizar a todas las partes
sobre las posibilidades que ofrecen las actuales infraestructuras digitales
para favorecer una sociedad urbana más viva, en la que las pantallas
se relacionen más con el espacio común y que, por tanto,
refuercen la identidad y el sentido de comunidad.”
Sin duda ésta puede ser la principal aportación de la
Arquitectura Interactiva. Las grandes pantallas, cada día más
presentes en nuestras calles, constituyen un espacio privilegiado,
dotado de una fascinante dimensión pública, que sólo
adquiere sentido desde la participación.
¿
Seremos capaces de reconvertir nuestras ciudades/pantalla en ciudades/interfaz? ¿Favorecerá la
tecnología, cada vez más accesible, una concepción
de espacio público más participativa? ¿Podrá imponer
la Arquitectura Interactiva un punto de vista independiente de los
intereses mediáticos y publicitarios? ¿Qué impacto
tendrá la evolución de la Arquitectura Interactiva en
nuestro modo de relacionarnos con los medios de comunicación?
Muchos interrogantes, que de continuar el ritmo de evolución
actual, comenzarán a resolverse muy pronto.
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